domingo, 28 de diciembre de 2014

Celui qui a de l'imagination, a des ailes

Diecisiete de noviembre del dos mil catorce. Trece horas y doce minutos. Vagón subte línea A.
Nene.
Remera Adventure time. Bermudas.
Muchas. Muchas pajitas en la mano.

Unos segundos, mucha imaginación y varias sonrisas bastaron para que insertara cada pajita en los huecos entre los dedos.
Ocho garras retráctiles eran ahora suyas. Ocho tubitos de plástico eran ahora su nuevo super-poder.
“Ma, soy Wolverine” dijo sonriendo.

Realmente estaba contento. Era ahora un superhéroe. Chiquito, moderno, y con ocho garras poderosas.
Orgulloso. Ingenioso.

Si puede ser magia, que lo sea.
Con unos pocos segundos, ocho tubitos de plástico y la imaginación de un chiquito (que recorre más de lo que su pequeño cuerpo logra contener) se convirtió en un gran superhéroe.

Y eso mismo fue, es y será el super-poder de los infantes (y de algunos no tan infantes): la imaginación.

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