Lunes cinco de mayo del dos mil catorce. Dos de la tarde. Vagón del subte A.
Niña de tres años. Padre.
Vi su carita y noté algo particular.
Por alguna razón me hacen sonreir los nenes chiquitos que cuestionan todo. Que ponen a prueba. Que se ponen a prueba. Que saben un montón.
"Mirá, pa".
Y "pa" la miró curioso.
"En el libro de Alicia en el país de las maravillas..." y "pa" ya se estaba quedando impresionado "...hay un sombrerero y un conejo..." y yo ya estaba sonriendo "...y los dos están locos."
"Pa" largó una risita. Yo no le sacaba los ojos de encima a la pequeña gigante.
"¿En serio? ¿Y qué más?" curioso "pa".
"Mirá, pa. Están todos locos, y festejan el no cumpleaños."
"¿Y qué es éso?"
"Mirá, pa. Es un día que no cumplís años. Y el sombrerero y el conejo lo festejan tomando té."
Sorprendida. Sonriendo.
La noche anterior habían pasado la película animada de Alicia en Disney Channel. No había podido evitar verla.
Me bajé del subte en Puán, festejando que ambos bajaran allí también.
"Mirá, pa" y pasó por el molinete, pequeña, empujándolo, mostrándole a "pa" cómo funciona, cómo sabe que funciona.
"Mirá, pa" y se cerró el cierre de la campera azul hasta arriba de todo, haciendo que se tragara su pera, su boca y su nariz. Se había detenido para hacerlo. "Pa" había avanzado. Ella rió mientras corría a buscar su mano.
Subimos por la escalera mecánica hacia la calle. Molinetes, conejos, sombreros y camperas no le bastaban.
Vio una baranda que delimitaba la boca del subte.
"Mirá, pa" y se agarró de ella fuerte con las manitos, cargando a su cuerpo de peso y balanceándose.
Rió.
Loquita. Dos colitas.
Pidiendo que "pa" la mire una vez más, mientras yo dejaba de verla para poder sonreirla pensándola.