domingo, 28 de diciembre de 2014

Captador de la magia cotidiana

Dieciocho de diciembre del dos mil catorce. Dieciséis horas y cinco minutos. Sobre Dorrego a media cuadra de Cabildo.
Hombre de cuarentilargos. Cuatro nenas de diez.

El hombre, el señor, y una cámara. Las cuatro jóvenes alegres. Riendo. Observando. Rodeando.
El lente apuntó a algún, a alguien, a algo, cruzando Dorrego. Por allá sobre la estación de servicio.
Click.
La mirada de los cinco apuntó al visor de la cámara. Asombro. Admiración. Sonrisas.

El lente apuntó directo a un hombre llevándose un sanguche a la boca. Apuntó a aquel hombre a no más de treinta metros.
Click.
Risas sin siquiera haber visto el visor.

¿Será? Poseedor del instrumento mágico que capta momentos. Captador de situaciones. Esta vez, cotidianas. ¿Será? Un compañero de pasión.
Y de esa manera, con varios clicks, dos ojos con buena puntería, admiración de la cotidianeidad, abrazado a la fotografía para conseguir la admiración, el asombro y la alegría de cuatro pequeñas dueñas de su tiempo, asombradas de la cotidianeidad.
Como nosotros hoy.
Acá, y cotidianamente.

Mágicamente. 

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