sábado, 21 de junio de 2014

Me gusta estar abrazado a mi mujer (que es mi dios)

Cinco de junio del dos mil catorce. Vagón del subte, línea A.
Pareja de treinta.

Dos.
Ella rubia, sobre su hombro. Tomando su mano. Enredándose los brazos de ambos. Dormida.
Él sosteniéndola. Mirada perdida al piso del vagón. 

Nadie sabrá qué pensaba. Pero se interrumpió y le dio besos en la nariz. 
Besos en la nariz y caricias en la mano.
Y así empezó a unirse.

Pasado un rato así, se acomodó. 
Con una mano tomó la de la muchacha.
Con la otra le acarició el pelo, el cachete, la naricita. 
Cerraron los ojos.

Y se unieron en el viaje.
Descansados.
Únicos.
Simples.
Dos.

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