lunes, 22 de junio de 2015

perlas en picada

Ocho de febrero del dos mil quince. Dieciocho horas. Cascada de los duendes, Bariloche.

Primera vez en el sur.
Primera caminata. Primera picada a metros del Lago Gutierrez.

Un poco de frío. Un montón de entusiasmo. El cielo cerrándose.
Carteles que señalan a dónde ir. Cómo ir.
Cómo cuidarte. Cómo cuidar los centenares de coihues que nos rodeaban.
Y empezaban los que te hacían desviarte del camino.
Ya no íbamos hacia el Refugio Frey. Ya no íbamos a Playa Muñoz.
El objetivo (menos ambicioso) era la Cascada de los duendes.



Familias nos tomaron ventaja.
Nena de siete lo hizo.

Curiosa, mirando los carteles, atenta.
"Pa, ¿en la cascada hay duendes?"

Algunas risas (también de mi parte) le respondieron.

Quién dice. Los carteles no lo anunciaban.
Sólo los coihues que nos observaban podrían responderle.
                                                 

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